Una vez más, como todos los años, la familia entera nos reunimos es el paseo marítimo junto al bar “El Pescaito”, para celebrar el cumpleaños de mi abuelo. De un lado a otro pasaban platos enormes de sardinas, el plato estrella de la casa, dejando un olorcito que hacía la boca agua. Nada más llegar a nuestra mesa los doce platos de sardinas, todos se pusieron como locos para coger las más grandes, dejándome a mí las más pequeñitas. ¡Todos los años igual¡. Mi abuelo estaba muy contento, le encantan las reuniones familiares, sobre todo en el día de su cumpleaños. Hasta aquí, todo perfecto, pero ahora se complicó la historia. Llegó el momento del postre y con él la tarta de cumpleaños con setenta y cinco velas par mi abuelo. Antes de soplar, pidió un deseo, sopló y ¡desapareció!. En la silla ya no estaba mi abuelo, ¡había un gato1. La tarta empezó a echar mucho humo de color azul, verde, naranja y violeta, se escuchó un ¡RAMPATAPAN! y de ella salió el hada de los cumpleaños. El deseo que el abuelo me ha pedido es que os veáis más a menudo, no únicamente en los cumpleaños, así que hasta que no estéis más unidos, el abuelo se quedará convertido en gato. Y así fue, hasta que la familia entera no se reunió más a menudo, mi abuelo no volvió a ser mi abuelo.
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